Había un niño que se llamaba Nacho y le gustaba mucho el fútbol.
Era profesional y lo pusieron la muñequera de capitán. Un día jugaron un partido y le ficharon el F.C. Español. Cuando estaba entrenando le dijo el entrenador que era muy bueno y que un día llegaría a ser más bueno que nunca.
Y el se puso muy contento y continuó trabajando mucho.
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